El Fuego que Templa el Acero: El Salto Profesional de Equicentro y la Fuerza ante la Adversidad
El mes de noviembre de 2025 marcará para siempre un antes y un después en la bitácora de la Fundación Equicentro. Los procesos de crecimiento de los proyectos con alma suelen estar acompañados de grandes luces, pero también de sombras profundas que ponen a prueba la templanza de sus fundadores. Durante este periodo, vivimos el hito académico más exigente y exitoso de nuestra historia: del 13 al 19 de octubre, salimos por primera vez de nuestra casa para dictar la 4ta Certificación Propia en el Lodge San Francisco, en San Esteban. Siete días de inmersión total donde consolidamos un modelo educativo único, integral y transdisciplinario, dictado por un equipo de profesionales de primer nivel que incluye psicología, terapia ocupacional, medicina veterinaria, coaching FEI Licencia C, música profesional y enfermería. El desafío era mayúsculo, pues el alumnado estaba compuesto por expertos ecuestres con un mínimo de cinco años de vasta experiencia en el rubro. El éxito rotundo de esta jornada no solo redefinió nuestra forma de enseñar, sino que nos posicionó en la vanguardia de la formación terapéutica en Chile.
Sin embargo, la gran moraleja que nos hereda este cierre de año es que el éxito y la visibilidad a menudo despiertan dinámicas humanas complejas. Mientras nuestro equipo se entregaba por completo a la docencia en San Esteban, la vulnerabilidad de la distancia fue aprovechada en el Establo Talanquén para tejer una red de hostilidades y falsas acusaciones que golpearon el corazón de nuestra familia. Personas en quienes habíamos depositado nuestra confianza como voluntarios, movidas por frustraciones, celos o la falta de entendimiento de los procesos de rescate, extrajeron material visual de curaciones complejas y situaciones críticas para sacarlas de contexto en redes sociales, intentando instalar una narrativa falsa de maltrato y lucro. Estas acciones escalaron a denuncias infundadas ante organismos como el SAG y la PDI —las cuales, al ser fiscalizadas con total transparencia por nuestra parte, solo han ratificado el correcto proceder de la fundación— e incluso a intentos maliciosos de desacreditarnos ante los propietarios del terreno, aduciendo un abandono de la infraestructura que jamás existió. Lo más doloroso, sin duda, cruzó la línea de lo institucional para tocar lo más sagrado: la seguridad de nuestra propia familia y de nuestra hija de 14 años, una situación que hoy, junto con las injurias, se encuentra firmemente en manos de la justicia.
La resiliencia no es la ausencia de dificultades, sino la capacidad de mantener el rumbo y la ética intactos cuando la tormenta arrecia. A lo largo de este doloroso proceso, comprendimos que el crecimiento institucional exige fijar límites claros y que la lealtad no es algo que se pueda transar bajo presión. En medio de la hostilidad, la figura de profesionales incondicionales como Francisca Reyes, quien ha demostrado un compromiso “aperrado” y una ética a toda prueba, nos recordó el valor de los cimientos reales de nuestra comunidad. Las auditorías, las fiscalizaciones y los ataques de quienes hoy continúan intentando mermar nuestra labor no han hecho más que perfeccionar nuestros protocolos de ingreso y robustecer nuestra documentación legal. Cerramos este capítulo con la frente en alto y la certeza absoluta de que el tiempo y la verdad terminan por decantar cada cosa en su lugar. Nos acusaron de romper estructuras, pero lo único que lograron fue templar el acero de nuestro propósito.
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- FUNDACIÓN EQUICENTRO